Soy un convencido que cada persona llega a este mundo con una misión, unos la logran, otros no. José Alfredo logró cumplir su misión y lo hizo con creces. Fue el pilar, junto a su esposa Reneé, de una gran familia, con cinco hijos y once nietos que lo admiran, lo aman y para los que es mas que un héroe. Pero su paso por este mundo no quedo solo ahí, es admirado y querido por todas aquellas personas que lo llegaron a conocer. Es ese tipo de hombre que dejan una huella en el alma y el corazón de quien conoce.

José Alfredo, "El Señor de la Arboleda"
José Alfredo supo vivir la vida con humildad y, sobretodo, encontrar la felicidad en las cosas mas simples de la vida. Ese fue el gran José Alfredo, un padre, un maestro, un guía, un hermano, el mejor de los amigos. Daba todo por la gente que quería y la gente que lo conocía no dudaba en dar todo por él.

José Alfredo y Reneé, una pareja ejemplar
El último domingo de junio José Alfredo cerro los ojos por última vez, dio su último suspiro, al lado de su querida esposa, en La Arboleda, su casa en Lurín, la que convirtió en el edén, en un paraíso familiar, donde los chicos juegan, los grandes conversan y cantan rancheras, acompañados de una guitarra y una buena botella de whisky. Un lugar lleno de recuerdos, del cual se sentía orgulloso y donde le brillaban los ojos cada vez que veía a sus nietos correr, jugar y saltar en el jardín.

En una de sus tantas tardes de toros
Este gran hombre, limeño de nacimiento y peruano de corazón, amaba la vida y la vivía, a sus 79 años, con tal pasión que muchos de nosotros ya quisiéramos tener.
José Alfredo nació en la casa de una tía cercana, cerca de la iglesia de Santo Domingo de Lima, un 27 de Marzo de 1932. Fue el menor de 3 hermanos. Su madre, María Luisa, falleció cuando el era muy chico y fue criado por su padre, Don Arturo, contador de profesión.

José Alfredo junto a Tere y Henry, sus queridos hermanos
A los 15 años quiso ser torero, con los pocos ahorros que juntó por su cumpleaños se matriculó en una escuela taurina de poca monta. No contó que su padre le iba a truncar ese deseo, tal vez con justa razón, "Alfredito, no has nacido en España ni en México, es imposible que llegues a ser una figura del toreo en el Perú", le dijo su progenitor y él respetó su decisión. Aunque el gusanillo por los toros no lo abandono. Junto a su gran amigo Alberto asistió a cuanta corrida pudo, toreo de salón en la calle del Pasaje Tello, donde vivía, y hasta llegó a vestirse de luto y no ir al cinema, por un largo mes, cuando se enteró que el maestro Manolete había muerto entre los pitones de "Islero".

Demostrando ser un torero con clase a sus 78 años
Al fallecer don Arturo, su padre, en el año de 1957, y siendo un gran torero de salón, el cual nunca había estado frente a un burel, ni chico, ni mediano, ni grande, acepta debutar en un festival taurino, nada mas y nada menos que en la Plaza de Acho, la mas importante de América. Con el temor del debut recibe al toro de rodillas y sale en hombros con una oreja en la mano. Luego vendrían corridas y corridas, tientas y tientas junto a sus grandes amigos Jorge, Fernando, Alberto, Alfonso, Raúl y Rafael, entre otros grandes aficionados, logrando fundar, hace mas de 40 años, la ATA (Asociación de Toreros Aficionados), la cual sigue vigente, en manos de la nueva hornada, como el acostumbraba a decir.

Una vuelta al ruedo con su gran amigo Fernando Ceruti
José Alfredo se caso en 1963 con su único gran amor, Reneé, no sin antes haber sido boxeador, jockey y cantante de un grupo con mediano éxito llamado "Los Blue Notes", solo tres ejemplos de sus múltiples facetas.
Vivió intensamente su vida familiar, al ritmo de las rancheras de su tocayo José Alfredo Jiménez y de la Gran Chavela Vargas, a quien admiraba con devoción. Le dedico todo el tiempo del mundo a cada uno de sus cinco hijos y a su querida esposa, educándolos con el ejemplo, la pasión y la sencillez, "Nunca dejes tus pasiones, son el único motor del alma. Si las dejas escapar, por dinero, por trabajo, porque a tu chica no le gusta, o porque te sientas viejo, enfermo e incapaz, se te apagara la luz interior. El día que no vivas tus pasiones, así te palpite el corazón, ya estarás muerto", era el sabio mensaje que siempre trasmitió.

Cantando con corazón junto a su gran amigo Iván "El Joven" Goicochea
José Alfredo partió de manera espontánea, como le gustaba vivir la vida. Para su familiares y amigos va a ser muy difícil acostumbrarse a su ausencia, a vivir sin él, a visitar La Arboleda y no verlo sentado bajo la terraza tomándose un buen scotch o caminando por su caballeriza admirando sus pocos pero adorados caballos de paso; a escucharlo entonando un afinado y apasionado "Vamos a Torear, Vamos a Torear"; en el burladero de la plaza aconsejando a los aspirantes a torero y a José Ignacio, su hijo; vestido de chalán cabalgando su caballo de paso peruano; frente a alguna vaquillona, en Camponuevo o La Esperanza, dando una cátedra de tauromaquia, entre un pase de pecho y un natural; manteniendo una en larga y tendida tertulia entre un quebranta y un mosto verde; celebrando a todo pulmón los éxitos de sus hijos; dando la mano cuando alguien querido la necesita.

Mostrando su CD titulado "A Mis Amigos"
Su alegría, sus canciones inmortalizadas en el CD "A MIS AMIGOS" (el nombre habla por si solo), sus sabios consejos, su forma de disfrutar cada momento de la vida y su gran corazón quedará por siempre en los corazones de la gente que tuvo el privilegio de conocerlo y me siento afortunado por ser uno de ellos.
A SU SALUD "SEÑOR DE LA ARBOLEDA"
Viejo, eres y serás por siempre el "Hombre de mi Vida".
Te amo Papá
A mi madre Reneé; mis hermanos Alfredo, Gonzalo, José Ignacio y Rodrigo; mis sobrinos Santiago, Denisse, Daniela, Micaela, Valeria, Inés, Alfredo, Isabela, Rafaela, Mariano y Rodrigo; mi esposa Charo; mis cuñadas Cecilia, Gisela, Karla y Soledad; mis tíos Henry y Norma; mis primos Eje, Balo, Vero Tana, Jorge Alberto, José Antonio, Marilú, Henry, Mari Carmen y Jessica; a sus amigos...
Sus hijos Rodrigo, Gonzalo, José Ignacio, Arturo y Alfredo en la grabación de su CD

"Al lado de un gran hombre hay una gran mujer"

Siempre apoyando a sus hijos, en cualquier actividad que realicen
José Alfredo Bullard interpretando "La Cruz de Camponuevo"