viernes, 18 de marzo de 2011

Del Colca a Ollantaytambo: Pueblos, Lagunas, Flamencos y Hermosos Paisajes (Cap 3)

Madrugamos como es costumbre en este tipo de viajes en auto, mas conocidos como "Road Trips". Desayunamos en al Casa Andina de Chivay alrededor de las 7 am, nos esperaba un largo camino hasta Ollantaytambo en Cuzco, debíamos llegar antes de las 10 pm, hora que nuestro tren partía con destino a Macchu Pichu. La salida nos demoró, al subir a la camioneta nos dimos con la ingrata sorpresa que una de las llantas estaba baja, alguna piedra o clavo nos había jugado una mala pasada el día anterior. Parchar la llanta y cambiarla nos tomó mas de una hora, tiempo aprovechado por Charito y Ale para descansar un poquito mas, mientras que José Andrés y yo nos encargábamos de tener todo listo para poder partir lo antes posible.
Entre muertos y heridos salimos de Chivay cerca de las 9 y 30 am con destino noreste, la carretera avanza bordeando el río Colca. Este sector es el menos visitado del valle, se puede decir que no esta considerado en el circuito turístico típico del Colca, un gran error, a mi gusto tiene los pueblos mas bonitos e interesantes.

Iglesia de Tuti en el Valle del Colca

La carretera esta perfectamente asfaltada hasta llegar a Tuti, a 20 km de Chivay. Tuti es un pequeño pueblo que, como gran parte de los pueblos de la sierra, gira alrededor de su plaza de armas, adornada con la antigua iglesia de Santa Cruz de Tuti (s XVII), la cual posee un solo campanario, aunque debido a su estructura es posible que decenas de años atrás haya poseído dos. Estuvimos un buen rato en Tuti, conociéndolo y conversando con su amable gente.

Iglesia de Sibayo, data del año 1692

Continuamos nuestro camino, a estas alturas la carretera esta solo afirmada. Nuestro siguiente destino fue el pueblo de Sibayo, a mi gusto el mas atractivo del Valle del Colca. Recorrimos los escasos 15 km entre Tuti y Sibayo en poco mas de 20 minutos, cruzamos el pueblo hasta llegar a su bella plaza de armas. La única vez que había estado acá fue en el año de 1994, lo poco que recuerdo de esa visita es que Sibayo me encantó, tanto les había hablado a mis compañeros de viaje de la belleza de este pueblo, que pensé que tal vez había creado demasiada expectativa. Al parecer no fue así, Charo, Ale y José Andrés quedaron maravillados de Sibayo. La hermosa iglesia de San Juan Bautista, que emerge en uno de los lados de la plaza de armas data del año 1692. Las casas en esta parte del pueblo de Sibayo se caracterizan por estar hechas de piedra y paja, un lugar hecho como para quedarse horas admirándolo, incrustado en medio de grandes y rocosas montañas.

Casa típica en el pueblo de Sibayo (foto: Charo Figueroa)

Señora de Sibayo

La hora nos empezó a jugar en contra, no nos quedo otra opción que continuar nuestro camino hacia el Cuzco, saliendo de Sibayo cruzamos un largo puente sobre el río Colca, recorrimos escasos 4 kilómetros y llegamos a Callalli, el último pueblo del valle que nos tocaba visitar. Callalli, además de estar adornada, como todos los pueblos del valle, por una antigua iglesia, posee en uno de sus lados unos torreones de piedra erosionada durante miles de años, a estas formaciones se conocen como "Torre Qaqa", cuyo significado es "Torre de Roca" y son un símbolo que caracteriza al pueblo.

"Torre Qaqa" al pie del pueblo de Callalli

La iglesia San Antonio de Padua de Callalli es la mejor conservada del valle del Colca posiblemente porque es la mas moderna (construida a fines del S XVIII) y por haber sido la menos afectadas por los temblores y terremotos frecuentes en esta zona.
Salimos del maravilloso Valle del Colca. Entre la bajada de llanta y el tiempo extra que nos habíamos tomado para recorrer estos últimos 3 pueblitos del Colca, andábamos contra el reloj, faltaban aún muchos kilómetros que recorrer. El reloj ya marcaba las 12 y 30 pm.

Charo fotografiando la iglesia de Callalli

Continuamos nuestro camino por una carretera en regulares condiciones, la cual trepaba serpenteando esta parte de la cordillera de los andes. Mientras subíamos nos cruzamos con diversos grupos de alpacas y ovejas y con uno que otro pastor. Llegamos a subir a 4900 msnm pasando pequeños bosques de piedras, lagunas y bofedales, algunos de ellos semi congelados por el frío. En medio del camino nos detuvimos a observar un grupo de 8 a 10 flamencos que se alimentaban tranquilamente dentro de una pequeña laguna, los contemplamos por varios minutos.

Grupo de flamencos camino al Cuzco

Pastor con alpacas a mas de 4800 msnm

El trayecto de 170 km desde Chivay a Espinar lo hicimos en cerca de 5 horas, con paradas incluidas, los primeros 5 km de la carretera que sale de Espinar al pueblo de El Descanso esta en malas condiciones, de ahí en adelante la encontramos impecable. La distancia entre ambos poblados es de 30 km. A estas alturas las lluvias esporádicas que nos acompañaban se volvieron mas constantes, sin llegar a ser torrenciales.

Una de las tantas hermosas lagunas que encontramos en el camino

Paramos en El Descanso, textualmente, a descansar, el nombre de este pequeño centro poblado viene porque este lugar es una parada obligatoria para los camiones y viajeros que se trasladan desde Espinar a Sicuani. Tomamos unas Coca Colas y unas Coronitas de Fresa y continuamos nuestro recorrido. La distancia que separa El Descanso de Sicuani es de 40 km, desde este punto la carretera deja de ser asfaltada y, además, se vuelve angosta, a eso le sumamos que parte de ella se encontraba en construcción y mantenimiento lo que hizo que perdiéramos mucho tiempo parados esperando que nos den pase.

Laguna de Langui, entre El Descanso y Sicuani

Bajando hacia Sicuani nos topamos con la hermosa laguna de Langui, al pie de ella se encuentra el pueblo que lleva el mismo nombre, era imposible no detenerse, una vez mas, a contemplar el paisaje.
Continuamos nuestro camino, a escasos 9 kilómetros de Sicuani la carretera volvió a estar asfaltada. Pasamos Sicuani y nos enrumbamos hacia el Valle Sagrado, nos quedaban 150 kilómetros para llegar a nuestro destino. En un principio pensamos en parar en algunas de las ruinas y atractivos que se encuentran a este lado del valle del Urubamba, Raqchi, Pikillacta, Tipón y Andahuaylillas, pero la hora nos había ganado, a eso hay que sumarle la lluvia torrencial que se desato en esta parte del camino y que hizo la ruta mas lenta y pesada.

Niña pastora en medio de los andes

A la altura de la laguna de Huacarpay nos entro la duda si tomábamos el desvío que nos lleva directamente a Pisac, o si continuábamos hasta el Cuzco, ya estaba a punto de anochecer y teníamos la duda si esta carretera estaba en buenas condiciones. Por consenso asumimos el riesgo y entramos al desvío, grata fue la sorpresa al encontrar una carretera impecable, la cual nos llevo directamente a Pisac.

El grupo que viajamos, José Andrés, Ale, Charo y Arturo

En Pisac ya había caído la noche, aprovechamos de echar gasolina y de estirar un poco las piernas, ya no veíamos las horas de llegar. De Pisac al pueblo de Ollanta nos demoramos un poco mas de una hora, llegamos pasadas las 8 pm, paramos en la plaza de armas a buscar algo que calme nuestro hambre, no nos animamos por ninguno de los restaurantes de los alrededores, y decidimos movernos al hotel El Albergue a comer, no nos quedaba mucho tiempo, a las 11 pm debíamos tomar el tren hacia Aguas Calientes. Nos deleitamos con una exquisita cena, dejamos algunas de nuestras cosas en la guardería del hotel. Partimos agotados luego de manejar casi 12 horas desde Chivay hasta Aguas Calientes. En la mañana siguiente visitaríamos la fortaleza de Macchu Pichu, una de las 7 maravillas del mundo moderno.

Enlaces de las primeras dos partes de este viaje:

Cap 1 (Un largo camino hacia el Colca)
http://arturobullard.blogspot.com/2011/02/un-largo-camino-hacia-el-valle-del.html

Cap 2 (Recorriendo el Cañon del Colca, el mas profundo del planeta)
http://arturobullard.blogspot.com/2011/02/recorriendo-el-canon-del-colca-el-mas.html

Charo y yo revisando las fotos

Laguna de Langui

Niña de Sibayo

lunes, 14 de marzo de 2011

Ancumpita, Honoratos e Isla Hornillos, recorriendo el hermoso el litoral arequipeño – Parte 2

Nos levantamos a regañadientes a las 7 am, el cuerpo andaba un poco golpeado luego del largo viaje, las actividades marinas y el vodka de la noche anterior. Nos esperaba un día intenso y lleno de emociones. Tomamos desayuno, alistamos nuestras cosas y alrededor de las 8 y 30 am empezamos la caminata hacia el sur de Caleta San José.
Subimos un empinado, pero corto camino hacia la parte alta de la Caleta, caminamos unos cuantos minutos hasta llegar a la playa vecina, La Francesa, en donde existe un criadero de conchas de abanico manejado por los propietarios del albergue de San José.


Atardecer en Caleta San José

Continuamos nuestro camino; para salir de La Francesa subimos una leve cuesta, para continuar caminando por unos minutos mas por los áridos y desérticos cerros anexos al frío mar arequipeño. Nos topamos con una antigua ancla pirata, la cual data de aprox. el año 1700, esta, aún se mantiene aún erguida, tal vez señalando la ruta hacia algún antiguo tesoro pirata.


Antigua ancla pirata entre las playas de La Francesa y Ancumpita


Continuamos nuestra travesía cruzando este peculiar paisaje costeño en donde destacan infinitos sectores cubiertos con ceniza volcánica, los cuales se asemejan a un paisaje nevado. Nos contaron que estas grandes cantidades de ceniza llegaron a esta zona gracias a la erupción de el volcán moqueguano de Antajave hace mas de 300 años.


Ceniza volcánica que adorna toda la zona de esta parte del litoral arequipeño

Seguimos nuestro camino hasta que nos detuvimos ante un hermoso brazo de agua marina, el cual interrumpía nuestro paso, era una entrada que invadía la tierra de mas de 500 mts de agua tranquila y transparente, donde al final del camino encontramos la pequeña y calma playa de Ancumpita. Bordeamos el lado norte de la playa hasta encontrar la bajada, la cual era empinada y un poco complicada. Ya en la arena, Yaku y Ahinoa, los hijos de José, corrieron, sin pestañar, a zambullirse en las frías aguas de esta paradisíaca playa, ganas nos me faltaron, solo el pensar en que aún teníamos que seguir caminando y el andar mojado me desanimaron meterme al agua.


Impresionante y hermosa playa de Ancumpita


La peor parte de camino nos toco al salir de Ancumpita, había que trepar un cerro arenoso, de esos que subes dos pasos y retrocedes uno, el fuerte sol del mediodía complicó un poco mas la subida. Al llegar a la cumbre bajamos entre dos cerros por unos 10 minutos y llegamos a la playa La Huata, donde resaltan unos artesanales hornos de piedra que son utilizados por los recolectores de Cachiyuyos (un tipo de yuyo) para quemar este producto marino, el cual comercializan en distintos puntos del país.


Charo en la arenosa subida hacia la playa La Huata

En La Huata nos esperaba el Baru, nuestro bote. Elevamos anclas y zarpamos con destino a la Isla Hornillos, el paisaje marino del trayecto era agreste y hermoso, las olas se mezclaban con las rocas e islotes, muchos de ellos habitados por diversas colonias de lobos marinos. Antes de llegar a la Isla Hornillos paramos frente a un gran islote con una colonia de lobos de regular tamaño, Gonzalo y yo subimos a un Kayak, nos acercamos poco a poco mientras que los lobos, a la vez, se acercaban a nosotros. Regresamos al bote e hicimos el cambio de Gonzalo por Charo, remamos nuevamente hacia el islote, cuando estábamos a pocos metros del lugar una mala maniobra hizo que nos volteáramos y cayéramos al agua, estaba congelada. Mientras luchábamos con el frío y por voltear el kayak, casi petrificados, de la nada apareció José nadando cámara en mano, nos ayudo a subir y continuo su camino hacia la colonia de lobos.


Colonia de lobos marinos


Al poco rato Santiago y Gonzalo se unieron a José, nadaron con los lobos por varios minutos, eran decenas de ellos, Charo y yo solo atinamos a observarlos desde el kayak, ya no había tiempo de regresar al Baru a ponerse los wetsuits y los equipos de snorkel, me quede con las ganas de nadar con los lobos, iba a ser la segunda vez que lo hacía (la primera fue en las islas Galápagos en noviembre pasado), para otra vez será.


Charo subiendo al kayak después de voltearnos cerca al islote de los lobos de mar

Continuamos nuestro camino hacia la isla Hornillos, vimos pingüinos, zarcillos, chuitas y lobos y mas lobos, la experiencia anterior nos había dejado tan contentos y maravillados que no le dimos tanta bola a esta isla. De regreso paramos a relajarnos en la Caleta de Honoratos, compuesta por dos playas de arena fina. En una de ellas nos esperaba un toldo, un piqueo a base de hueveras fritas y unas refrescantes Coca Colas. Hicimos snorkel en el mar de Honoratos, el fondo marino es pedregoso, con bastantes yuyos por algunas zonas y habitado por una diversa y colorida fauna marina.


José y Yaku en la playa de Honoratos


Grupo de Zarcillos en la Isla de Hornillos

Salimos de Honoratos cerca de las 3 pm de regreso al albergue, llegamos 40 minutos después, descansamos, almorzamos un poco tarde y nos deleitamos con un hermoso atardecer, el cual, a diferencia del de la noche anterior, disfrutamos desde la orilla de la playa.
En la noche, nuevamente, comimos una exquisita parrilla a base de pollo y morcillas, tocamos guitarra acompañados de un calentador roncito y de un cielo estrellado digno de ser inmortalizado, fue por ellos que no dude en ir por mi cámara, mi trípode y fotografiar la impresionante vía Láctea que se dejaba ver.


Toma del cielo estrellado y en movimiento desde la Caleta Santa Cruz


Me fui a dormir pasada la medianoche, al día siguiente desayunamos a las 7 am, una hora mas tarde estábamos trepados en el Baru con destino a Ancumpita, por segunda vez, esa playa nos había dejado maravillados, queríamos regresar a inspeccionar su fondo marino, y no nos equivocamos. Hicimos snorkel por mas de hora y media gozando de el maravilloso paisaje que nos regalaba bajo el agua y de la variada fauna que habita Ancumpita, fue de lejos la mejor de las playas en las que hicimos snorkel, lenguados, cabrillas, chitas, camarones, peces de colores, anémonas, entre otras especies, hicieron del mar de Ancumpita una experiencia inolvidable.


Camaroncitos y pez en el mar de Ancumpita


Anémona en Ancumpita


Subimos a el Baru con dirección a San José, almorzamos, preparamos nuestros maletines y partimos a mediodía con destino a Quilca, el camino se hizo largo, andábamos cansados de toda la actividad que realizamos en tres días. En Quilca nos esperaba el mismo colectivo Dodge de 73 que nos llevo de ida, paramos unos minutos en los Petroglifos de Quilca, abandonados al lado de la carretera  y continuamos nuestro camino hacia Camaná, nuestro amigo del colectivo nos llevo, de yapa, a visitar el valle del río Camaná por media hora y nos dejo en el terminal del bus. Luego de comer unas pizzas camaneñas subimos al bus alrededor de las 8 y 30 pm, directo hacia Lima, dormimos como niños, el cuerpo pedía descanso, llegamos a Lima 12 horas después, contentos y maravillados de las hermosas playas y paisajes que encontramos en las costas de Arequipa, una verdadera joya de la naturaleza que recomiendo al 100% visitar.


Petroglifos de Quilca


Nuestro grupo sobre el BAPU


Buceando en el frío mar de Ancumpita


Grupo de chitas


Anémona en las claras aguas del litoral arequipeño

miércoles, 9 de marzo de 2011

Caleta San José, Conociendo las Paradisíacas Playas de Arequipa - Parte 1

La primera vez que escuche hablar de las bellas playas que adornan la costa arequipeña fue hace unos 5 años atrás gracias a un capitulo del programa "Tiempo de Viaje". Al terminar que ver este programa me quede con el bichito de visitar esta zona del Perú, cuando antes, apenas se presente la oportunidad.

Grupo con el que viajamos a Caleta San José

El tiempo paso y este destino era parte de la gran lista de lugares que quiero conocer. No fue hasta que un día, Gonzalo, mi hermano, me propuso visar la Caleta San José y sus paradisíacas playas, al toque me anime (soy fácil de animar cuando se trata de viajar). Primero debíamos buscar mínimo 4 personas para hacer viable el viaje, es el mínimo que exige la logística de las instalaciones del Albergue Caleta San José, sino no cubren sus costos.

Dodge del '73 que nos trasladó al Puerto de Quilca

El grupo quedo conformado por Gonzalo, mi esposa Charo, mi sobrino Santiago, nuestro buen amigo José "Pablito" Madalengoitia y sus hijos Yaku y Ainoha. Partimos un jueves a las 6 pm en el servicio de bus cama de "Excluciva" (así se llama, no es una falta ortográfica) rumbo al pueblo costero de Camaná, llegamos a nuestro primer destino cerca de las 7 am, del viernes, luego de dormir cómodamente toda la noche.

Gonzalo a bordo del BAPU, el barco que nos trasladó los tres días de viaje

De Camaná tomamos un colectivo marca Dodge del 73, conducido por un simpático y amable señor, estos autos son los mismos que usaba nuestra policía nacional en los años 70s. Nuestro siguiente punto de llegada era el puerto de Quilca. Este pequeño puerto camaneño tomo importancia en el año de 1879, durante la Guerra del Pacifico, en esta caleta se refugiaba el almirante Miguel Grau al mando de el no menos famoso Monitor Huáscar, dada la conformación de la costa en esta caleta, impedía que pueda ser vista desde alta mar, por lo que se constituyó en un refugio extraordinario para la marina peruana y fue parte de las proezas de nuestro Caballero de los Mares

Caleta San José

En Quilca, luego de comprar algunas viandas para el camino, nos embarcamos en el bote Bapu, de propiedad de albergue de Caleta San José, nos quedaban poco menos de dos horas mas de camino para llegar a nuestro destino final.
El camino se torno entretenido, los hermosos y agrestes acantilados azotados por el mar de Grau son de una belleza única. A los 45 minutos de zarpar de Quilca, una enorme grupo de delfines se nos cruzó por el camino, eran cientos que saltaban y se revoloteaban por el aire, un espectáculo increíble que nos regaló la naturaleza. Cuando aún seguíamos comentando el hermoso espectáculo que nos había tocado ver, un nuevo grupo de delfines, bastante mas chico que el anterior, comenzó a nadar al lado de nuestro bote por algunos minutos, la emoción llego a nuestro máximo nivel, ya no podíamos mas.

Grupo de delfines en el camino a San José

Bordeando las 11 am desembarcamos en la Caleta San José, aislado albergue ubicado en medio de las playas de Arequipa. Este proyecto ecoturístico nació hace algunos años gracias a un grupo de entusiastas peruanos amantes del mar. El primer paso fue crear una empresa Acuícola para el cultivo de conchas de abanico, cuya concesión comprende las Caletas San José y La Francesa.
Como parte de la necesidad en el desarrollo de esta actividad se construye un albergue para el personal y socios de la empresa, tiempo después los socios deciden compartir esta bella zona del país y abrir este lugar al publico. Ahora el visitante, además de apreciar los bellos paisajes costeños de San José, cuenta con las comodidades necesarias para realizar un viaje placentero, el albergue cuenta con una capacidad para 28 personas distribuidas en varios bungalows, con baño privado, los cuales poseen de todos los servicios básicos (agua, desagüe y energía eléctrica).

Gonzalo buceando en los alrededores de la Caleta San José

Rápidamente nos ubicamos en nuestros cuartos, nos enfundamos nuestros correspondientes wetsuits y entramos a conocer el fondo marino del frío mar de San José. Hicimos snorkel por mas de una hora, muchos peces y grandes grupos de enormes yuyos que se movían al ritmos de la corriente fueron el atractivo principal. Esta primera entrada al mar nos sirvió para ir adaptándonos poco a poco al agua.

Santiago, Gonzalo, Ahinoa, Yaku y José disfrutando un ceviche de chanque

De salida nos esperaba un rico ceviche de chanque acompañado por una chicha helada, que mas se podía pedir, todo era maravilloso. La comida en el Albergue de San José es un tema aparte, el chef es de primera y los productos marinos con los que cocina no pueden ser mas frescos. A la hora de almuerzo disfrutamos de un jugoso saltado de pescado y un ceviche mixto que no tienen nada que envidiarle a cualquier restaurante 5 estrellas de la capital.

José y sus hijos en el Kayak

Por la tarde, mientras unos dormían y recuperaban energías y otros se tomaban unos vinos con la gente del albergue, Pablito, sus hijos y yo cogimos dos kayak y salimos a remar por los alrededores de la caleta, bordeamos la costa hasta llegar, luego de unos 20 minutos remando, a una gran cueva, a la cual accedías en el kayak hasta la parte mas profunda, la transparencia del mar nos permitía observar las grandes rocas y peces que habitan el fondo marino, en la pared de al fondo de la cueva, dos coloridas Chuitas (especie de Cormorán) nos observaban tranquilamente, fue una bonita experiencia.

Entrada a cueva en los acantilados de San José

Regresamos cerca del atardecer al albergue, no había tiempo para descansar, se nos venia un maravilloso sunset, el mejor sitio para verlo y fotografiarlo era subiendo uno de los cerros laterales, cogimos nuestras cámaras y trípodes y subimos a la parte alta de la Caleta, una vista impresionantes y un sunset aún mejor, que mas se podía pedir.

Sunset en San José

Por la noche compartimos una fogata y unas jugosas chuletas a la parrilla con la amable gente de la Caleta San José, al ritmo de una guitarra tocada impecablemente por Santiago cantamos algunos temas de Sabina acompañados y desinhibidos por un amenizador vodka con naranja. Fue una noche alegre, de aquellas memorables, donde uno se siente un punto dentro del universo, solo acompañados por el sonido de nuestras risas y canciones y por el oleaje del mar.
Dormimos cerca de la medianoche, había que descansar, el día siguiente iba a ser el mas intenso de todos, trekking y mucho snorkel nos esperaban.

Guitarreada al pie de la fogata

Santiago y yo saliendo del agua

martes, 1 de marzo de 2011

Petroglifos de Quilca, Joya Abandonada en la Costa Arequipeña

Hace menos de un mes escribí en este mismo blog el articulo "Urgente: Salvemos los Petroglifos de los Boliches" (http://arturobullard.blogspot.com/2011/02/urgente-salvemos-los-petroglifos-de-los.html), espectaculares restos de nuestros antepasados olvidados al lado de una pequeña trocha cerca de la zona de Olmos en Lambayeque.

Camélidos y reptiles forman parte de estos interesantes petroglifos

El domingo pasado tuve el mismo sentimiento de frustración e indignación al encontrar al lado de la carretera de separa los pueblos entre Camaná y Quilca, unos magníficos petroglifos abandonados, sin ningún tipo de protección ni control, lo único que encontramos cerca fue un sucio y despintado letrero del INC, nada mas.

Figura que representa a un felino

Paramos, junto a unos amigos, a observarlos y admirarlos, mientras varios grupos de turistas que regresaban de las playas aledañas pasaban al frente sin prestarles mayor atención, posiblemente no tenían la menor idea de lo que podían encontrar ahí.
Ubicados a unos 17 kilómetros de la ciudad costera de Camaná, camino al puerto de Quilca y a escasos 300 mts del mar, los Petroglifos de Quilca, también conocidos como Petroglifos del Pescador, son una magnifica muestra de arte rupestre de nuestros antepasados, los cuales muestran distintos dibujos que representan diversas especies de flora y fauna, como camélidos, reptiles y pescados.

Gonzalo, mi hermano, caminando por la desértica zona de los Petroglifos de Quilca

Estos petroglifos se encuentran en una pequeña quebrada desértica, totalmente seca, lejos de los valles de Quilca y Camaná, por lo que se presume que sus autores deben haber sido pescadores. También es posible apreciar en los alrededores de los petroglifos antiguos restos de choros, machas, lapas, entre otros tipos de mariscos.

Figuras de reptiles

En el lugar existen cuevas que pudieron servir de viviendas a los primitivos habitantes que se ubicaron a lo largo de esta parte de la costa arequipeña, no existe mucha información sobre estos vestigios costeros.
Los Petroglifos de Quilca pueden convertirse en un lugar de sumo interés para turistas nacionales y extranjeros, un punto de parada para las personas que visitan Camaná y las hermosas playas que existen entre Quilca y Matarani.


Representación de un camélido sudamericano

El descuido y abandono total en el que se encuentran los Petroglifos de Quilca han provocado que estos hayan sido profanados y destruidos en gran parte por huaqueros. Es de suma urgencia que el INC tome cartas en el asunto, enviando gente profesional para que se efectúen los estudios de estos importantes restos y que de una vez se le de la debida protección, la erosión del viento y el agua van a hacer que poco a poco se diluyan y desaparezcan. A tomar cartas en el asunto señores, no nos podemos dar el lujo de seguir perdiendo las maravillas que nos han dejado nuestros antepasados.

Los Petroglifos de Quilca merecen ser protegidos

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