lunes 27 de septiembre de 2010

Conviviendo con Guacamayos, Coloridos Habitantes de Tambopata

Mi primera relación directa con estas coloridas aves data del año 1993, yo recién había terminado de estudiar comunicaciones. Durante una reunión familiar mi buen amigo Alvaro del Campo y mi primo Jorge "Eje" Simpson me proponen ir a la selva de Tambopata. Ellos estaban metidos en un proyecto de conservación que trabajaba estudiando a los guacamayos. Para el mes de marzo de 1993 iba a llegar al proyecto el laureado fotógrafo Frans Lanting, premiado como mejor fotógrafo de naturaleza del mundo por la BBC de Londres en mas de una ocasión, el iba a permanecer durante un mes en la reserva haciendo fotografías para un especial sobre guacamayos en la prestigiosa revista National Geografic. Para ello el proyecto necesitaban a un "calichín", que sepa algo de video y fotografía, el trabajo consistía en grabar y fotografiar a Frans Lanting durante su trabajo en el proyecto. Aunque, la chamba era por amor al arte y solo me cubrían los gastos, no dudé un segundo en aceptar la propuesta, realmente valió la pena.

Guacamayo Escarlata en pleno vuelo

Partimos con destino a Puerto Maldonado a principios de Marzo de 1993, dormimos una noche en la ciudad y salimos en la madrugada con destino al Tambopata Research Center (TRC), fueron 9 horas de viaje surcando el río Tambopata en una lancha con motor fuera de borda, fue mi primera incursión en la selva, en la selva real, en la verdadera jungla.
Al llegar me quede impresionado con este proyecto, creado por Eduardo Nycander y Kurt Holle a fines de los ochentas. Gran parte del trabajo con estas bellas aves trataba en rescatar algunos huevos de futuros pichones destinados a no nacer o a rescatar pichones de sus nidos que por diferentes razones no eran bien alimentados por sus padres e iban a morir. En el albergue del TRC encubaban los huevos, los pichones nacían, se les criaba y alimentaba con todo el cariño que le podría haber dado sus progenitores. Convivíamos con cerca de 12 guacamayos nacidos en este lugar, otros tantos, de camadas de años anteriores, nos visitaban cada cierto tiempo, estos ya vivian en libertad, pero estaban acostumbrados a la gente del proyecto, era común caminar por la orilla del río y que de la nada aparezca un hermoso guacamayo y se te perchara en el hombro, un sensación increíble.

Primer Plano de Guacamayo Amarillo y Azul

Uno de los trabajos que teníamos en el proyecto era turnarnos cada tres o cuatro días para dormir dentro de una malla de tul de aproximadamente 15 mts2 con el fin de cuidar a los guacamayos juveniles de algún depredador, ocelote, yaguarundí u otro felino que los quiera hacer parte de su dieta. La experiencia fue alucínate, a las 6 de la mañana, la turba de pequeñas y coloridas aves se acercaban al colchón, puesto en el piso, donde se dormía y se subían como perritos a jugar, caminaban sobre mi y me mordían levemente en las manos y la cabeza mientas gritaban todos a la vez, lo máximo.

Acompañado de algunos de los pichones cuidados en el albergue

Esta primera experiencia en la Reserva de Tambopata me sirvió para conocer mas de cerca a estas increíbles aves, las cuales solo había visto en el Parque de las Leyendas y en una gran jaula ubicada en la desaparecida pollería miraflorina "El Rancho".
Los guacamayos son una familia dentro del genero de los loros. Entre las cerca de 350 especies de loros que existen en el planeta, 16 pertenecen a la familia de los guacamayos, estas son fácilmente reconocibles por ser los loros mas estilizados de todos.

Guacamayo Escarlata Comiendo

Dentro de las 9 especies de guacamayos que habitan las selvas de Tambopata, las que mas llaman la atención por su gran tamaño y sus coloridas plumas, son tres, el Guacamayo Amarillo y Azul (Ara ararauna), el Guacamayo Escarlata (Ara macao) y el Guacamayo Cabezón (Ara chloroptera), el primero de ellos anida en palmeras muertas ubicada en aguajales, llamados así a zonas inundadas donde crecen las palmeras que dan el fruto del aguaje. Las otras dos anidan en cavidades naturales existentes en algunos árboles viejos de nuestra selva amazónica, entre ellos el shihuahuaco.

Guacamayo en nido artificial hecho de PVC y quemado con un soplete para que se mimetice con el árbol

Parte del proyecto de guacamayos en Tambopata era colgar nidos artificiales en algunos árboles con la finalidad de incrementar los escasos lugares anidables para estas aves. En un principio fueron de madera, los cuales no tuvieron los resultados esperados debido a la estética y a lo pesados que eran, luego estos se estilizaron y se fabricaron de tubos de PVC, los cuales eran quemados con un soplete y tomaban la textura de la corteza de los árboles, estos nidos se llegaron a mimetizar con los troncos reales y fueron un éxito, aparte eran livianos y fáciles de manipular, sobretodo debido a que se tenían que colgar con sogas a mas de 30 mts del piso.

Pepe Rojas trabajando a mas de 40 metros de altura en un nido artificial de PVC

Los guacamayos pueden vivir arriba de los 70 años, se les encuentran sólo en la selvas bajas de las Américas, desde el occidente de México hasta el noroeste de Argentina, se alimentan mayormente de semillas, aunque también suplementan su dieta con flores, capullos y algunos frutos silvestres. A diferencia de muchas otras especies de aves, estas son monógamas, solo cambian de pareja si una de ellas muere, entre los dos crían y alimentan a sus pichones. En la mayoría de casos solo logra sobrevivir uno de ellos, aunque pueden llegar a poner, raramente, hasta 4 huevos, de ellos solo el pichón mas fuerte sobrevive, en menos del 2% de los casos llegan a sobrevivir dos. Es común verlos volar en pareja o en grupos de a tres, junto a su cría, la cual vive con ellos alrededor de un año, de ahí se independiza y empieza con la búsqueda de una pareja.

Pareja de Guacamayos con cría volando sobre la selva de Tambopata

Una de los motivos que pesó para que el proyecto se desarrollara en está zona fue la gran población de guacamayos en este lugar y la gran collpa que se encuentra muy cerca del albergue. La collpa es una gran pared de arcilla rojiza en la cual los guacamayos, junto a otras especies de loros y algunos mamíferos, bajan a comer su arcilla, se cree que lo usan como antídoto para contrarrestar las toxinas de ciertos frutos silvestres de los cuales se alimentan.
La collpa es un verdadero espectáculo, por las mañanas una gran nube de colores sobrevuela este lugar, para luego percharse sobre los árboles aledaños a la Collpa a esperar, primero bajan los loros mas pequeños, para después darle el turno a los grandes, coloridos y hermosos guacamayos.

Collpa sobre el río Tambopata

Pequeños Loros "Colpeando"

Parte de nuestro trabajo consistía en llevar una estadística de las veces y horas que los guacamayos llegaban a sus nidos a darle de comer a su pichón, para ello debíamos turnarnos para subir a unos miradores (escondites) ubicados a mas de 30 mts del piso, sobre unas grandes torres de andamio, siempre íbamos en grupos de dos. Llegábamos a pasar mas de 6 horas en este pequeño espacio, de no mas de 2 mts2 vigiando los movimientos de estas aves. El calor infernal y el fastidio de las abejas y mosquitos eran contrarestados en cada silenciosa aparición de estas hermosas aves y el bello espectáculo que brindaba la pareja al alimentar a su pichón.

Haciendo guardia en escondite por mas de 6 horas a 30 mts del piso

Estuvimos poco mas de un mes internados en esta parte de la selva, el albergue, en esos tiempos, era muy básico, un emponado (piso de pona), un techo y algunos colchones sobre el piso con su respectivo mosquitero era todo lo que había, el grupo con el que compartimos esta experiencia se volvió como una familia, entre ellos estaban Alvaro del Campo, Eje Simpson, Pepe Rojas, Sergio Bravo, Eduardo Nycander y Kurt Holle, junto a Pepe Moscoso, El Sr. Cauper y el recordado Agustín Michaja, el cual se hizo conocido unos años después en el documental CANDAMO de Daniel Winitzky.

Foto que nos envió Frans Lanting al equipo que trabajo con el para la National Geografic junto a saludo de él y su esposa

Trabajar y sobretodo ver trabajar a un fotógrafo de la envergadura de Frans Lanting fue toda una experiencia, este primer viaje a la selva de Tambopata fue fundamental para mi, al regresar decidí que me quería dedicar a la fotografía y sobretodo a la de naturaleza, mi cariño, amor y respeto hacia lo natural y a la vida silvestre creció inmensamente, hoy puedo confirmar que esta fantástica travesía por Tambopata marco mucho mi destino y mi manera de ver la vida.

Haciendo fotografía colgado de árbol a 30 mts del piso junto a nido artificial hecho de madera

A Tambopata regrese en 1994, estuve cerca de 2 meses, fui como voluntario del proyecto guacamayos, regrese varias veces mas. En cada una de mis visitas fui testigo de como este pequeño albergue se fue transformando en un alberge de primera clase, un albergue ecoturístico de la empresa Rainforest Expeditions (perteneciente a Eduardo y Kurt), que recibe a cientos de turistas extranjeros de todas partes del mundo y el cual ofrece un servicio que está a la altura de cualquier albergue ecoturístico del mundo. El proyecto de guacamayos sigue en pie, los estudios sobre estas aves hechos en Tambopata a principio de los noventa se han replicado en otras zonas del Perú y America con gran éxito.

Jugando con los Guacamayos

La última vez que estuve por TRC fue a fines del 2007, fui con la intención de hacer algunas fotografías extras para un libro que teníamos en mente publicar junto a la editorial Unimundo y a Rainforest Expeditions, el proyecto vio la luz a fines del 2009, en el libro tuve el privilegio de compartir los créditos fotográficos con el gran fotógrafo y amigo Heinz Plenge.

Portada de Libro sobre Tambopata Candamo editado por Unimundo, donde comparto créditos con el fotógrafo Heinz Plenge

Hoy nos toca hacer esfuerzos para proteger este rico espacio de selva que esta fuertemente amenazada por la minería ilegal, la cual esta creciendo y contaminando el río Tambopata a pasos agigantados, a esto hay que sumarle los trabajos de la carretera interoceánica, la cual pasa muy cerca de la reserva, la tala de árboles y la caza furtiva.
Tambopata, sus árboles, ríos, flores y fauna son nuestros, de todos los peruanos, es uno de los grandes pulmones naturales del Perú y del mundo y es responsabilidad de todos protegerla.

Alimentando a un Guacamayo en el albergue

Jugando con un Guacamayo
Fotografíando a un grupo de Guacamayos, en la orilla del río Tambopata, que fueron criados años antes en el Proyecto

lunes 13 de septiembre de 2010

Cabo Blanco: La Inspiración de Hemingway

Hablar de Cabo Blanco es hablar, y no creo equivocarme, de una de las playa mas famosas del Perú, un lugar que atrae a viajeros, surfers y aficionados a la pesca de diferentes puntos de nuestro planeta. Un lugar que guarda entre sus cristalinas aguas y olas perfectas mucha historia, glamour y varios record mundiales.
La primera vez que llegue a Cabo Blanco fue a mediados de los años 90s, aprovechando un viaje de fin de año al pueblo de Máncora, desde aquella vez, trato de darme una vuelta por este fascínate lugar, cada vez que viajo a las playas del norte del país.

El Surf, hoy en día, es una de las principales actividades en Cabo Blanco

Cabo Blanco es una caleta de pescadores ubicada en la provincia de Talara, Piura. Se esconde entre altos acantilados al pie del Océano Pacifico. Para conocer Cabo Blanco primero debemos llegar al pueblo del El Alto (km 1137), a pocos minutos de la ciudad de Talara, de ahí hay que decender por un zigzagueante carretera unos 20 minutos.
Si bien la entrada a esta pequeña caleta, visualmente no es muy atractiva, pasando el pueblo nos topamos con el muelle artesanal de Cabo Blanco y su playa principal, al pie del hotel "El Merlín". Al fondo, en el mar, adoptados como parte del paisaje, encontramos algunas enormes torres de extracción de petróleo.

Grandes pozos petroleros son parte del paisaje de Cabo Blanco junto a los botes artesanales

Hoy Cabo Blanco es un paraíso para los amantes del surf, entre octubre y enero cientos de tablistas peruanos y extranjeros llegan a sus costas para aprovechar sus impresionantes, tubulares y casi perfectas olas, características del mar norteño. Cuando pasa la temporada, Cabo Blanco vuelve a ser el anónimo puerto que alguna vez, allá por los años 60s tuvo una época de gloria y apogeo.
No se puede contar de esta época dorada sin empezar por hablar del famoso Cabo Blanco Fishing Club, un exclusivo hotel propiedad de un grupo de millonarios estadounidenses construido en 1951 con la finalidad de traer a extranjeros de gran poder adquisitivo para la pesca deportiva, esto atrajo a este recodito lugar a mucha gente famosa, en busca del gran merlín negro. Uno de los mas ilustres visitante, que tuvo esta pequeña caleta del norte del Perú, fue el gran Ernest Hemingway. Han pasado casi 50 años desde que el Cabo Blanco Fishing Club vivió su mayor apogeo, hoy en día sólo queda su estructura, el hall con la plataforma del bar donde se sentaba el escritor y las ruinas de sus portentosas habitaciones, incluida la habitación número cinco, donde, según dicen, se hospedó Hemingway los 35 días de su estadía.

Ernest Hemingway (circulo) junto a un grupo de pescadores en Cabo Blanco (foto: Internet)

Viéndolo así, casi en ruinas, posiblemente nadie crea que por este hotel alguna vez pasaron famosas estrellas del cine como Marilyn Monroe, John Wayne, James Stewart, Gregory Peck, Cantinflas o el torero español Luis Miguel Dominguín; y más recientemente personajes como Leonardo Dicaprio, Cameron Díaz y Salma Hayek quienes llegaron a esta parte de la costa del Pacifico simplemente para conocer el mito de Hemingway.

Hemingway conversando en el bar del Cabo Blanco Fishing Club (foto: Internet)

El motivo por el que llegó este afamado escritor estadounidense y Premio Nobel de literatura en el año 1954, fue para filmar algunas escenas de la película “El Viejo y El Mar”, obra que le hizo ganar el premio Pulitzer en 1953. Tres años antes, un compatriota suyo, Alfred Glassell, había pescado allí el merlín más grande y nunca antes visto en lugar alguno, un verdadero record mundial. Este gran animal pesó 780 kilos y midió más de cuatro metros de longitud. Hasta la fecha nadie ha podido superar ese récord (esta en el libro de los World Guiness). Una replica de este gran pez adorna hasta estos días el abandonado bar del Cabo Blanco Fishing Club. Hasta hoy son 7 récords mundiales de pesca deportiva los que ostenta esta pequeña caleta de pescadores.

Alfred Glassell con el Merlín Negro pescado en Cabo Blanco, mas grande pescado en la historia (foto: internet)

Hemingway y el equipo de la Warner Bros estuvo poco mas de un mes en busca de las mejores tomas de este gran pez para la película ya mencionada.
Pero esta no es la única película filmada en estas aguas, “Ted Williams at Cabo Blanco”, “Hot Reel” y “Cabo Blanco, The Fishing Capital of the World” fueron algunas de las películas relacionadas a la pesca deportiva que se filmaron en este lugar.
En estos días Cabo Blanco a saltado a la palestra del cine mundial, la laureada película peruana “Contracorriente”, de el director Javier Fuentes León y ganadora, entre otros múltiples premios, del primer lugar a la critica en el prestigioso festival de Sundance, fue filmada íntegramente en la caleta de pescadores de Cabo Blanco.

Ceviche de Pez Espada en Cabo Blanco

Gran ola cubriendo la totalidad del muelle artesanal de Cabo Blanco

A pesar que el glamour de décadas anteriores ya pasaron, su gente, sus ceviches, especialmente el de pez espada que sirve el Sr. Pablo Córdova en su local, el surf y sus olas perfectas, su muelle artesanal, sus antiguas embarcaciones, su elevado acantilado y su gran suelo de piedra, de mil formas, erosionadas por el mar a través de millones de años, hacen de Cabo Blanco un lugar fascinante y lleno de historia, el cual no deben dejar de visitar.

Cartel de la película "El Viejo y El Mar" basada en el libro de Hemingway

Bote artesanal en la orilla de la playa Cabo Blanco

Clásica vista de Cabo Blanco, Surf, Pozos Petroleros y Botes Artesanales de Pesca

Multiforme "Reef" de Cabo Blanco, representa un peligro constante para la gente que corre olas


domingo 5 de septiembre de 2010

Graciano Yahuarcani, Un Artista Inspirado en Nuestra Amazonía

Estando en el pueblo San Martín de Tipishca, dentro de la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional del Pacaya Samiria, le pregunte a mis amigos de Casa Lupuna, albergue turístico manejado por gente de la comunidad, donde podía ver y comprar algo de artesanía local, algo que suelo hacer cada vez que visito algún pueblo o comunidad.

Asi lo encontramos a Graciano Yahuarcani, pintando dos carpinteros en la puerta de su casa

Caminamos cerca de 20 minutos por un sendero de tierra bordeando la laguna o tipishca de San Martín, en la casa mas alejada de la comunidad, rodeada de bellos árboles, encontramos a Graciano Yahuarcani, el único artista – artesano de la pueblo, lo sorprendimos en la puerta de su pequeña casa pintando una pareja de pájaros carpinteros sobre un lienzo extraído de la corteza de un árbol. Graciano es una persona que vive apartado de la gente del pueblo, al pie de la laguna, rodeado de vegetación y del armonioso ruido que le regalan los miles de insectos, las melódicas aves y el canto de las ranas. No cabe duda que la naturaleza es su mayor inspiración.

Hermoso árbol "Palo Rosa" en las cercanías de la casa de Graciano

Graciano es un artista de 28 años, el talento lo heredó de su padre, Santiago Yahuarcani López y de sus abuelos, también artistas. Es originario de Pebas, un pueblo amazónico cercano a la frontera con Colombia, perteneciente a la etnia de los Uitoto – Aymen. Hace 7 años llegó casi de casualidad a San Martín de Tipishca, buscando trabajo como guía turístico, aunque no tardó mucho en retomar su camino artístico. Cuando le preguntamos desde cuando se dedica al arte nos contesta con una seguridad única, "Desde que tengo uso de razón soy artista".
En su nutrida y variopinta galería encontramos, entre esculturas y pinturas, osos perezosos, ranas, delfines rosados, tortugas y una gran variedad de mascaras de todas formas, tamaños y colores.

Graciano posando con algunas de sus coloridas mascaras

Lo interesante dentro del arte de Graciano es que casi la totalidad de su materia prima viene del bosque, nos cuenta que lo único que compra cuando va a Iquitos (14 horas en peque peque) son las pinturas, "existen pinturas naturales pero con el tiempo pierden el color, no me gustaría que a los turistas con el tiempo se le despinten mis creaciones", nos dice Graciano, al consultarle sobre el porque no utiliza tintes naturales.
Como lienzo usa la corteza de la llanchama, la madera balsa la utiliza para tallar. Semillas y hojas de palmera, huairuros, achira, rosario, ojo de vaca y frutos de la calabaza o tutuma son algunas de las decenas de materiales naturales que usa para la creación de su piezas de arte. Su clientela llega a su casa por recomendación, el no los busca, "por el momento solo vendo en San Martín", nos cuenta Graciano, "cada año la clientela es mayor, cada vez nos visitan mas turistas".

"Oso Perezoso" hecho sobre madera balsa, hoy adorna mi oficina

Graciano se retira un par de minutos hacia una pequeña habitación, regresa con un tríptico y un catalogo de Rember Yahuarcani, su hermano menor, un artista consagrado a nivel nacional e internacional, emocionado nos habla de Rember, el tríptico es sobre una exposición individual realizada en la galería de la Municipalidad de Miraflores – Lima, el catálogo muestra algunas de las obras de Rember expuestas en Buenos Aires – Argentina. Los ojos de Graciano reflejan la admiración y el orgullo que siente por su hermano.

Cuadro de Rember Yahuarcani, hermano de Graciano y consagrado artista (foto: Internet)

Antes de despedirnos de Graciano y su hermosa hija de 6 años, una fuerte lluvia torrencial nos sorprendió, este percance nos obligo a quedamos algunos minutos mas, disfrutando de la grata compañía de Graciano y sus obras de arte. Un artista salido de la profundidad de nuestra selva amazónica.

miércoles 1 de septiembre de 2010

Tupe, pueblo milenario y único en medio de los andes limeños

Hace muchos años oí hablar de el pueblo de Tupe, ubicado tan cerca y a la vez tan lejos de la ciudad de Lima. En esos tiempos para llegar había que caminar desde el pueblo de Catahuasi cerca de 10 horas, motivo suficiente por el cual iba aplazando constantemente mi viaje y las ganas de conocer el interesante pueblo de Tupe.
Tres meses atrás, revisando el libro sobre rutas cercanas a Lima escrito por Rafo León me reencontré después de muchos años con el nombre del pueblo Tupe, leyendo un poco me enteré que hace unos 5 o 6 años ya existía una carretera que llegaba hasta el pueblo de Aiza, a solo 6 km de Tupe, nuevamente me comenzó a dar vueltas en la cabeza este nombre y las ganas de conocerlo, decidí visitarlo apenas aparezca una oportunidad.


Pueblo de Tupe al pie del Cerro Tupinachaca


Salimos un sábado por la tarde con destino al sur de Lima, Charo, mi hermano Gonzalo, Sven Wallin y Matty Gayoso. Para llegar a Aiza hay que tomar, a la altura de Cañete, el desvío a Lunahuaná, pasar este pueblo (km 40) conocido por sus camarones, vinos y por ser cuna de ciertos festivales de deportes de aventura. Luego debemos pasar el pueblo de Catahuasi (km 80), hasta este punto la pista esta asfaltada, en muy buenas condiciones, solo hay que tener cuidado debido a que por zonas es muy estrecha y no pasan dos autos a la vez, hay que manejar despacio y con mucha precaución.
Dos kilómetros después de Catahuasi encontramos el desvío a Aiza, un pequeño letrero que nos indica la entrada, desde ahí la carretera es afirmada y de regulares condiciones, es preferible subir en una camioneta. La distancia del desvío hasta Aiza es de 14 km que se recorren en cerca de 45 minutos.


Sven, Matty, Gonzalo, Charo y Arturo en Aiza antes de partir


Llegamos a Lunahuaná cerca de las 8 pm, todos los hospedajes andaban full debido a que estábamos en un fin de semana largo, cuando ya nos resignábamos a buscar un lugar para armar nuestras carpas nos datearon sobre un pequeño hostal, Los Madueño, donde conseguimos un par de cuartos. Aprovechándose la ley de la oferta y demanda nos cobraron exagerados 100 soles por habitación, excesivo precio para la sencillez y austeridad del los cuartos.
Nos levantamos temprano y cerca de las 7 pm partimos con destino a Catahuasi, nos tomo 1 hora desde Lunahuaná y 45 minutos mas recorrer los 14 kilómetros a Aiza. 500 metros antes de llegar al pueblo nos paró un señor ofreciéndonos información para llegar a Tupe. Dejamos nuestra camioneta al pie de la casa del Sr. Galindo, el mismo nos alquilo 3 burros para llevar nuestras cosas y con las mismas iniciamos la caminata, pasamos rápidamente el pueblo de Aiza (2400 msnm), los 6 km del camino de herradura que separa Aiza de Tupe no son muy difíciles, las ¾ partes de la ruta presenta pequeños desniveles, es de una exigencia menor, lo mas fuerte viene en la última cuarta parte del recorrido, hay que subir un zigzag de aproximadamente 600 mts de largo bastante empinado, donde uno se tiene que exigir al máximo. Terminando esta parte el resto del camino sigue en asenso pero con una inclinación menor, algo que dificulta un poco el recorrido es el alto porcentaje del piso pedregoso, por lo demás es una caminata de una exigencia mediana, la cual con algo de físico y bastantes ganas lo podría hacer.


Señora con traje típico de Tupe arreando sus burros


Unimos ambos pueblos en alrededor de 2 horas, al llegar a Tupe nos encontramos cara a cara con un lugar diferente a cualquier otro pueblo de nuestro país, Tupe guarda un secreto poco conocido por la gran mayoría de nuestros compatriotas, posee un idioma milenario que se habla únicamente aquí, por si fuera poco las mujeres de Tupe visten con un traje muy distinto a las chompas y polleras que acostumbramos a ver el nuestra serranía, su traje típico es único en el país.
Tupe es un pueblo lleno de contradicciones, un pueblo con una realidad bastante dura pero a la vez con una gente y una historia maravillosa. Ubicado a 2830 msnm, bajo la sombra del cerro Tupinachaca, Tupe es un pueblo principalmente ganadero, la agricultura es limitada, producen principalmente para el autoconsumo, siendo la papa, el maíz y la oca parte importante en la dieta de los tupinos.


Señora Tupina en la Plaza de Armas



Manos de Anciana Tejedora


Definitivamente lo que mas característico del pueblo de Tupe es su lenguaje, el Jaqaru, cuyos orígenes se remontan a mas de 2,000 años atrás, es mas antiguo que el aymara y que el quechua imperial, Tupe es la única población del país donde se habla este lenguaje ancestral. El Jaqaru es una lengua hermana del aymara (hablado por millones de personas en Perú, Bolivia, el norte de Chile y Argentina) y del kawki (lengua casi extinta). Si bien el Jaqaru era hablado hace muchos años por miles de personas en algunas regiones del centro del Perú, hoy, su habla, se ha reducido a la población de Tupe y a alguno de sus anexos.


Iglesia de Tupe, al lado derecho se nota el campanario caído en el terremoto del 2007


El distrito de Tupe no pasa los 700 habitantes, es bilingüe, todos hablan castellano y gran parte el Jaqaru, que en el colegio del pueblo se enseña como lengua materna. Ancianos, adultos, jóvenes y niños hablan y bromean en este extraño idioma.
Otro rasgo que caracteriza a la población tupina es su vestimenta, si bien el traje típico milenario de las mujeres en Tupe solo lo utilizan en ocasiones especiales y casi no se ve, desde los años sesenta las mujeres y niñas de tupe visten con unas telas tipo escocesas, donde predominan los colores rojo y negro, dos fajas atadas a la cintura y un tipo de pañuelo o turbante de color oscuro en la cabeza. Cuentan que hace muchos años una estudiante extranjera llego a estas tierras con una vestimenta similar a la que hoy visten, las señoras quedaron prendadas del colorido y la belleza del vestuario y optaron por copiarlo. Es muy difícil encontrar alguna mujer del pueblo que no vista este llamativo traje.


Señora tupina camino al cementerio


Tupe es un pueblo pobre, muy golpeado en los años ochentas por el terrorismo, Sendero Luminoso fue autor de varios asesinatos de autoridades y pobladores de este apacible lugar. En agosto del 2007 el terremoto que sacudió Pisco e Ica tuvo un fuerte impacto en Tupe, mas del 50% del pueblo se cayó, incluyendo el colegio, ya restaurado y el campanario de su antigua y hermosa iglesia, la cual aún se puede observar caída a un lado de la Plaza de Armas.


Simpáticas niñas de Tupe


Lo primero que hicimos al llegar a Tupe fue buscar la plaza, algo que siempre hago al llegar a cualquier pueblo, al principio da la sensación de ser un pueblo abandonado, poco a poco se asoman los hombres, mujeres y niños. Tomamos un refresco en una de las dos bodegas del pueblo y nos invitaron a bajar al campo al lado del Centro de Salud de Tupe, ahí debíamos armar nuestras carpas en un pacifico lugar al lado del río Tupe, constantemente visitado por vacas, burros y caballos que los pobladores de Tupe lleva a pastar.


Burro adornado con collar y aretes, muy típico en los animales de Tupe

Armamos las carpas y nos tiramos a descansar en el pasto, cocinamos unos Ramen de ley y matamos el tiempo conversando, por la tarde dimos una vuelta por el pueblo, la tarde empezó a enfriar, nos abrigamos bien, preparamos unas sopitas calientes y cerca de las 9 pm nos fuimos a dormir.
El idioma y la vestimenta de Tupe no son sus únicos atractivos, al pie del cerro Tupinachaca se ubican unas chulpas un poco deterioradas, algunas pinturas rupestres y un paisaje rocoso impresionante, para llegar hay que caminar poco mas de una hora por un empinado y exigente camino.


Atardecer en Tupe


Otro sitio interesante en el poblado de Tupe es su cementerio, fuertemente afectado por el último terremoto. El cementerio está ubicado en la parte alta del pueblo, para llegar hay que subir unas largas escaleras de piedra, la vista del pueblo y sus alrededores desde este punto compensa el esfuerzo.


Señora Tupina


Partimos de regreso hacia Aiza alrededor de las 11 am, la caminata fue sencilla, bajamos relajados disfrutando de los bellos paisajes que nos regalaba el camino. Demoramos una hora y media en bajar, llegamos a la camioneta, subimos nuestros bultos y emprendimos rápidamente el camino de regreso a Lima, contentos y aun sorprendidos de este lugar tan lleno de historia y cultura, una experiencia muy distinta a la vivida en cualquier otro lugar del país.


Anciana de Tupe


Flores en los alrededores del cementerio


Burritos


Charo, Matty y Sven en el campamento


Joven tupina



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