Tengo vagos recuerdos de un campamento que realicé juntos a mis padres, hermanos, primos y tíos a Autisha. Fue en los años 70s y debo haber tenido entre 5 o 6 años. Después de esa experiencia, donde pasamos unos días acampando en este valle, el nombre de Autisha paso a mi subconsciente. En todos estos años solo se me vino a la memoria en dos ocasiones, las veces que visite la meseta de Marcahuasi, donde, si o si, hay que pasar por un puente que lleva este nombre.
Arturo, José, Gonzalo y Santiago al pie de la catarata de Cheque
Hace menos de un mes, mi amigo José Madalengoitia, nos envía, a mi hermano y a mí, un correo electrónico una foto del Cañón de Autisha donde se aprecia una hermosa cascada sobre una azulada laguna. Es mismo día nos entro el bichito por ir a explorar este punto. Nos pusimos de acuerdo y partimos un sábado a las 6 am con destino a este misterioso lugar.

Valle del Río Santa Eulalia
En Internet no encontramos mucha información de cómo bajar a la laguna. Hoy en día, en el puente de Autisha, el cual pasa sobre este angosto cañón, se realizan dos tipos de deportes de aventura, el puenting y el rapel. En un principio pensamos poner en practica la segunda opción, hasta ese momento no estábamos seguros si era posible bajar caminando hasta este lugar. La idea del rapel se truncó debido a que son pocas empresas que dan este servicio y solo tienen fechas programadas. No nos quedó mas que ir al lugar a ver que pasaba, y confiar que íbamos a conseguir la información in situ.
Camino al Cañon de Autisha (foto: José Madalengoitia)
Para llegar a Autisha hay que tomar la carretera central, pasas Chosica y unos kilómetros más adelante se toma el desvío a Santa Eulalia. Se trepa por unos minutos por un camino asfaltado hasta pasar el mencionado pueblo, de ahí el camino es solo afirmado. Pasamos a Huinco, el ultimo pueblo donde se puede conseguir liquido y comida, desde este punto la carretera trepa vertiginosamente al lado de un gran precipicio. Se sigue con dirección a San Pedro de Casta, famoso pueblo donde se parte la caminata a Marcahuasi. Continuando con la ruta llegamos al puente Autisha, después de recorrer cerca de 80 kilómetros. La única población cercana que encontramos pocos metros antes de llegar es un pequeño caserío de unas 8 a 10 casas.
A ;as 9 y 30 am ya estábamos a la altura del puente Autisha, nos retrazamos debido a algunos problemas mecánicos de la camioneta. Le preguntamos por el camino a un grupo de gente que estaba realizando "puenting" y amablemente nos dieron algunos tips, eso si, nos advirtieron, "tengan mucho cuidado al bajar".
Bajando hacia la antigua hidroeléctrica (foto: José Madalengoitia)
Con los datos que recopilamos continuamos unos 500 mts por la carretera, de ahí bajamos por un estrecho camino hasta llegar a otro pequeño caserío. Dejamos nuestra camioneta y empezamos a caminar.
Autisha se encuentra en la provincia de Huarochiri, a 2,200 msnm. El cañón que lleva su nombre es, posiblemente, el mas impresionante de la sierra de Lima y está formado por el río Santa Eulalia.
Gonzalo camino a la hidroeléctrica abandonada
Nos acompañaron en esta travesía dos chicos de la zona que contactamos para que nos muestren el camino correcto. Caminamos unos 500 metros por la ladera de un cerro hasta que nos topamos con un primer obstáculo, el camino terminaba y había que bajar por una escalera de madera, el desnivel entre uno camino y otro era de 4 mts aproximadamente y esta escalera, que solo ocupaba unos dos y medio mts, terminaba al lado de una caída de unos 60 mts. Analizamos unos minutos como hacer para bajar, suerte que Gonzalo llevó un par de sogas, las atamos y usamos de apoyo. No voy a negar que fueron momentos de mucha adrenalina y tensión para los cuatro.

José bajando por la escalinata de mas de 40 mts, este era un antiguo conducto de un ascensor
Pasamos este primer obstáculo y nos topamos con una gran central hidroeléctrica, la cual data de mediados del siglo pasado y se encuentra totalmente abandonada. Bajamos unas delgadas escaleras de piedra hasta que llegar a un antiguo ascensor de madera y fierro en desuso. La única manera de continuar era por una empinada escalinata que bajaba por la misma ruta que lo hacia, hace mas de 60 años, este viejo ascensor. Al parecer no había otra opción. Les preguntamos a nuestros jovenes guías si este era el único camino y nos contestaron al unísono "No sabemos, solo hemos llegado una vez hasta acá". Al final terminamos nosotros guiando a los "guías". Suerte que fuimos precavidos y llevamos linternas, la obscuridad, en este profundo conducto era total, sin las linternas iba a ser casi una misión imposible llegar a la parte baja del cañón.

Gonzalo bajando por el conducto del antiguo ascensor
Bajamos cautelosamente los cerca de 35 mts que nos separaban del piso. Para que se den una idea es como bajar por la parte exterior de un edificio de 10 o 11 pisos. Comenzamos el descenso por la escalinata empuñando nuestras linternas, la ventaja de descender en la oscuridad es que si no alumbras el fondo no lo ves, eso ayuda mucho a no sentir vértigo.
Llegamos a la base de las escaleras, ahí nos topamos con dos túneles. Tomamos primero el del lado izquierdo, tenía unos 50 mts de profundidad, en el fondo de este encontramos una gran colonia de murciélagos, era impresionante la cantidad, una gran parte estaba adherida a las paredes, otros volaban temerariamente a pocos centímetros de nuestras cabezas.

Grupo de murciélagos en una cueva abandonada

Murciélagos atentos a nuestros movimientos
Salimos de este túnel y tomamos el del lado izquierdo, de unos 15 mts de longitud. El segundo túnel terminaba en una pequeña y enclenque plataforma. Desde ahí debíamos cruzar por una escalera de fierro que servía de puente, desde este punto al piso habían, por lo menos 25 mts, era el último obstáculo, no apto para acrofóbicos. Ya podíamos escuchar la caída del agua de la cascada sobre la laguna, no faltaba mucho.
Afelinado Santiago cruzando extraña escalera que servía de puente
Cruzamos este extraño y temerario puente con mucha prudencia, bajamos unos 20 mts y llegamos, después de un accidentado camino, a la cascada de Cheque y a su hermosa laguna , la misma que habíamos visto en la foto hacía un mes. Al mirar hacia arriba nos dimos cuenta de la magnitud de este cañón, el cual tiene 170 mts de profundidad. Desde dentro solo un estrecha abertura deja pasar muy poca de luz. El paisaje era espectacular, daba la sensación que estábamos haciendo un viaje hacia el centro de la tierra.

Hermosa cascada de Cheque dentro del Cañón de Autisha
Gonzalo aprovecho la ocasión para darse un chapuzón en las heladas aguas de la laguna. Tomamos las fotos y videos respectivos y partimos de vuelta por el mismo lugar por donde vinimos, sorteando nuevamente los tres grandes obstáculos, el puente de 20 grados, las escalinatas del ascensor y el desnivel de la trocha. El regreso lo hicimos con mucho mas confianza que de ida. Normalmente bajar es mas difícil que subir, en este caso puntual la teoría fue comprobada.

Vista de la boca del delgado Cañón de Autisha desde la parte baja
Nos tomó poco menos de una hora llegar a la camioneta, no podíamos creer que hubiera un lugar tan impresionante y poco conocido a solo dos horas de Lima. Conversamos unos minutos con una familia del pequeño caserío de donde partimos y regresamos hacia a Lima. Los comentarios de los cuatro que compartimos esta aventura eran solo de satisfacción y alegría, habíamos vivido una experiencia única, llena de aventuras, adrenalina y sobretodo compañerismo. Esta es la clase de ruta en la que es indispensable la colaboración, de esas en las que se tiene que trabajar en equipo y, en esta ocasión, nuestro equipo, Gonzalo, José, Santiago y quien escribe demostró, una vez mas, ser un gran equipo.
El grupo dentro del Cañon (foto: José Madalengoitia)






























