martes, 10 de abril de 2012

Reserva de San Fernando: Oasis de Vida Salvaje entre La Cordillera y el Mar

Partimos desde Lima un día miércoles por la noche con destino a la ciudad de Nazca, los 450 kilómetros de recorrido nos tomaron alrededor de 5 y 30 horas, dormimos unas pocas horas en un pequeño pero confortable hotel y al día siguiente nos preparamos para visitar e incursionar la maravillosa Bahía de San Fernando.
San Fernando alberga la mayor colonia de lobos finos del Perú

La primera vez que llegue a este paradisiaco lugar fue en el año 2007, en esa ocasión fuimos poco preparados, a la aventura, sin conocer mucho de la ruta; fue una odisea entre atolladas y equivocaciones de camino.
Gallinazo Cabeza Roja

Después de conseguir hielo, comprar leña y echar gasolina, tres simples funciones que nos tomaron mas de hora y media partimos rumbo a San Fernando.
Llegando por el arenoso camino a San Fernando

En esta oportunidad fuimos mas preparados que la anterior, éramos 3 camionetas 4x4. Decidimos entrar por la ruta mas corta y mas complicada, acompañados de un GPS (básico si no se conoce la ruta). Para entrar hay que tomar una pista poco marcada a la altura del Km 475 de la Panamericana Sur, de ahí son cerca de 45 kilómetros entre cerros y caminos de arena. La parte mas difícil está antes de bajar hacia el mar, la arena es bastante fofa y existe el riesgo de atollarse si no se maneja con cautela y precaución.
La Ensenada de San Fernando

Llegamos al albergue del Consorcio Nazca Ecológica, el cual no existía cuando visitamos la reserva la primera vez. Allí nos recibió Jaime Fernández, encargado del albergue. Aprovechamos para conversar un poco acerca de la situación de la reserva y de los puntos mas interesantes para visitar y avistar fauna.
Piquero en pleno vuelo

Mi esposa Charo y yo nos quedamos en una habitación del albergue, nuestros compañeros de viaje optaron por acampar en la playa frente a la ensenada de San Fernando, el mismo lugar donde 5 años atrás acampamos.
El Zorro Andino vive en la costa de San Fernando

La Reserva Nacional de San Fernando es un refugio de una gran variedad de vida silvestre. Fue declarada Reserva Nacional recién en julio del 2011. Se encuentra ubicada al noreste de la ciudad de Marcona y al sureste de la Bahía de Paracas. Tiene una extensión de 154 mil hectáreas donde habitan 123 especies de aves, 90 variedades de peces y crustáceos y  una decena de mamíferos y reptiles los cuales viven en una perfecta armonía.
Cóndor de los Andes, emblemático habitante de la reserva

La cadena alimenticia de este lugar está soportada por el zooplancton y fitoplancton, en este paradisiaco lugar conviven el cóndor de los andes con la nutria marina, los pingüinos de Humboldt, cormoranes, lobos marinos, zarcillos, zorros andinos, guanacos entre otras maravillosas y variadas especies.
Pareja de Zarcillos

La belleza natural de esta reserva, la cual se encuentra entre el mar y las lomas de Marcona, es uno de los parajes mas importantes de nuestra franja costera. 
Araña de Mar

San Fernando posee dos características que la hacen única, cuenta con la mayor población de lobos marinos finos y la mayor colonia de pingüinos  de Humboldt del Perú, además la presencia del cóndor andino, el zorro andino y tropillas de guanacos hacen suponer que es un importante corredor biológico andino - costero.
Lobo Marino Fino macho

El reloj marcaba las 2 pm, Gonzalo, mi hermano y Santiago, mi sobrino, seguimos a un grupo de camionetas que partieron a visitar la "Pingüinera", nos habían contado que era indispensable conocer bien la ruta para llegar. Recorrimos cerca de 10 kilómetros por los cerros hasta que llegamos al punto donde encontramos una trocha para bajar a la playa. El camino era empinado y arenoso, por lo que bajamos con cautela.
Lobos finos en la "Pinguinera"

Para nuestra grata sorpresa nos topamos en la playa con cientos de lobos marinos finos, los cuales descansaban y chapoteaban entre las rocas de la orilla, por momentos nos miraban con curiosidad para luego seguir en con su rutina diaria. Nos llamó la atención que el la "Pingüinera" no habían pingüinos, el lugar solo llevaba el nombre de estas graciosas aves acuáticas.
José, Charo, Santiago y José Antonio entrando a bucear

Regresamos al campamento bordeando las 4 pm, con las mismas nos enfundamos nuestros wetsuits, mascaras y aletas y entramos al mar a investigar el fondo submarino de la reserva. Lamentablemente el agua estaba un poco turbia y movida, pero nos sirvió como consuelo la oportunidad que tuvimos de acercarnos a los peñones repletos de lobos marinos, los cuales se nos acercaban con toda frescura y nadaban alrededor nuestro, una experiencia fascinante y única.
Yo en la lobera
Al Regresar al albergue a cambiarme me tope con 4 zorros andinos, los cuales merodean el albergue, apenas cae la noche, en busca de algo de comer. Con paciencia y buen humor logre sacar algunas tomas de estos bellos mamíferos que se han adaptado muy bien a la desértica costa de San Fernando
Zorro Andino en los alrededores del Albergue
La noche estuvo agradable, bajo la hermosa luna llena que nos acompañaba preparamos una parrilla al ritmo de la guitarra de Santiago y de unos alegrones rones con coca cola.
Playa a la luz de la luna llena
A la mañana siguiente salí al alba, mi primera parada fue el mirador de "Punta Gallinazo" donde se puede contemplar el Arco de San Fernando, uno se los símbolos naturales mas representativos de la reserva. A su alrededor revolotean cientos de aves entre las cuales destacan los zarcillo, piqueros, pelícanos y cormoranes. En la orilla descansan un cantidad incalculable de lobos marinos, al lado de ellos observamos uno que otro Pingüino de Humboldt caminando torpemente entre la agrestes piedras.
El Arco de San Fernando, figura pétrea representativa de la reserva
Continúe mi expedición matutina hacia la zona norte de la bahía donde por la tarde es común observar a los cóndores en pleno vuelo, mi misión era encontrar alguna de estas enormes aves voladoras. Tuve suerte y encontré a 6 de ellas posadas en las piedras de un gran acantilado, no voy a negar que me costó mucho llegar a un lugar optimo para fotografiarlos, pase algunos momentos de tensión entre la resbaladiza arena al lado del acantilado, como andaba solo evité tomar mayor riesgo y opté por regresar.
Dos cóndores sobre los acantilados de San Fernando
De vuelta en el albergue me nutrí con un contundente desayuno y partí hacia el campamento de mis amigos, aprovechando la marea baja cruzamos al islote que esta al frente de la playa conocido como "la ensenada". Ya en la cima, es fácil observar grandes cantidades de aves posadas en los acantilados de la isla. Los paisajes rocosos y con grandes farallones le dan una belleza especial a este mágico lugar.
Peñones y farallones en los alrededores de "La Ensenada"
Bajamos por un camino lateral hasta llegar a otra de las decenas de loberas que existen en San Fernando, nos acercamos a escasos metros de los lobos finos que poblaban esta colonia, los cuales nos observaban con curiosidad.
Lobo Fino Macho 
Regresamos a la playa, almorzamos y partimos en dos camionetas a buscar a los cóndores. Nos ubicamos en el mismo lugar donde en horas de la mañana divisé a estas aves en los acantilados. Grande fue nuestra sorpresa cuando vimos a mas de media docena de ellos volando sobre nuestras cabezas. Mientras pasaban los minutos aparecían mas y mas cóndores, un magnifico espectáculo natural, lo mas impresionante de todo es que estábamos al pie del mar contemplando a esta ave emblemática de la cordillera de los andes.
Cóndor juvenil volando a escasos metros
de Gonzalo y Santiago
Volvimos al campamento extasiados y exhaustos de esta experiencia, el día había sido agotador, solo optamos por comer algo e ir a dormir, el cuerpo ya no daba mas.
Dos cóndores adultos volando sobre el mar de San Fernando
La mañana siguiente nos tocaba regresar a Lima, desarmamos el campamento, bajamos las llantas de nuestras camionetas y salimos bordeando la costa por el camino arenoso de 22 km que separan la reserva de la mina de hierro de Shougang, cruzamos la zona minera, paramos en San Juan de Marcona a inflar nuestras llantas y echar combustible y partimos por el largo camino que nos dirigía a Lima, agotados pero contentos con esta magnifica experiencia de contacto directo con la naturaleza y de compartir estos tres días con un magnifico grupo de buenos viajeros y buenos amigos.
El grupo lo conformamos: 
Charo Figueroa; Gonzalo, Santiago, Valeria y Arturo Bullard; José Carlos, Yaku y Ahinoa Madalengoitia; Giannina y Lina Alfageme; Jose Antonio, Ivania y Rafael del Solar; Gonzalo y Lucia Ucelli.
Lagartija en el desierto
Arturo, Yaku, Ahinoa, José, Gonzalo, Santiago, José Antonio
Valeria y Gonzalo en el mirador de los cóndores

3 comentarios:

  1. Excelente experiencia Arturo. El 25 de abril iré de pesca a Marcona, con el grupo que solemoa ir a Barlovento. Seguro que tambien estaremos por esos lares...
    Abrazo, Jaime

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  2. Estuve en San Fernando hace dos años en este lugar, la verdad me parecio increible y muy aventurero, ojala pueda regresar al dia.

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